MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

“Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.” - Juan 18:36

El reino de Cristo no se originó en este mundo conocido por nosotros porque es un reino divino y eterno. El no vino a conquistar un sistema, ni a establecer un reino terrenal, el vino para acercar a la humanidad a Dios y restaurar su relación con él. Vino a traer amor y perdón a los hombres. En este pasaje Jesús lo deja bien claro, si hubiera querido establecer un reino político o religioso, no habría nacido como lo hizo, no hubiera vivido como vivió y no hubiera muerto en una cruz, sino que sus servidores celestiales, legiones de ángeles, se hubieran ocupado de pelear por él, de defenderlo y acabar con todos sus enemigos. Pero ese no era el propósito, sino que su reino celestial se estableciera en los corazones de todos aquellos que lo recibieran como Señor y Salvador. La naturaleza de su reino es dar a conocer a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo a través del amor y la palabra. Sus métodos no recurren a revoluciones, ni guerras, ni gobiernos totalitarios, no usa promociones publicitarias ni organizaciones seculares para darse a conocer, sino que preparó, enseñó y capacitó a doce hombres para que establecieran sus principios y los llevaran a todas las naciones, un grupo que fue creciendo y se fue esparciendo por todo el mundo, la iglesia Cristiana, de la cual nosotros formamos parte. Sus seguidores no usan armas carnales sino que están armados con armas espirituales, poderosas e indestructibles. “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino ponderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” 2 Corintios 10:3-5 – La lucha del creyente es contra huestes espirituales de maldad, no contra las armas que usa el mundo que son destructives. Jesús vino para establecer un gobierno de justicia, paz, igualdad y amor, y eso es lo que espera que hagamos nosotros, porque su reino no es de este mundo, como tampoco nosotros ya somos de este mundo, porque le pertenecemos a él. 

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