SUBAMOS AL MONTE

Ex. 24:13-18 – “Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aaron y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos. Entonces Moisés subió al monte.” - Dios le da una encomienda a Moisés.  
Subir al monte. - ¿Qué significa subir al monte? Elevarnos a la presencia del Señor, dejar a un lado lo terrenal para ocuparnos en buscar su presencia, tener mayor intimidad con él, orar más, tener fe que lo que pedimos recibimos, escudriñar más las Escrituras. Moisés llevó con él a Josué y a los ancianos; a estos les dijo que esperaran al pie de la montaña, y Josué subió un poco más arriba con él. 
Esperar al pie de la montaña – Permanecer expectantes, confiando, orando. Si la respuesta se demora, no desmayar, sino perseverar.
La gloria de Dios cubrió el monte – Cuando entramos a su presencia y nos rendimos completamente a su voluntad sentiremos fuertemente la presencia de Dios cubriéndonos. Moisés fue obediente a Dios y allí estaba esperando la manifestación gloriosa, seis días orando y esperando, hasta que oyó la voz de Dios! Seis días, seis semanas, seis meses, seis años, quien sabe cuanto tiempo tendremos que esperar, solo hay que confiar y creer que si Dios nos lleva al monte es siempre con un propósito para enseñarnos y bendecirnos.
Como un fuego abrasador – Así es la presencia del Espíritu Santo, un fuego poderoso que transforma, que libera, que ministra, que aviva nuestra fe. Los que habían quedado abajo no sabían lo que estaba pasando en la cumbre del monte, pero veían algo como fuego, era la presencia de la gloria del Señor.
Cuarenta días y cuarenta noches – El tiempo que Moisés estuvo en el monte. Allí recibió las tablas de la ley, oyó la voz de Dios, habló con Dios. Ex. 34:29  “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” Este es el resultado de haber estado en la presencia del Señor, el rostro de Moisés irradiaba luz. Otros tienen que ver que hay algo diferente en nosotros, la vida de Cristo que resplandece en nsotros, la transformación del Espíritu Santo. Jesús subió muchas veces al monte para encontrarse a solas con su Padre, allí oraba, clamaba, buscaba el consejo del Padre, dejaba sus cargas, se fortalecía en él y cuando descendía enseñaba, hacía milagros, sanaba los enfermos, liberaba a los cautivos. Subamos  también nosotros a ese monte espiritual de la presencia del Señor

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