UNA ATMOSFERA DE FE

“Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.” Mr.6:6

Cuando Jesús visitó la ciudad de Nazaret, donde se había criado, se asombró de la incredulidad del pueblo, y no hizo allí muchos milagros a causa de esa incredulidad. Me pregunto, ¿cómo pasó esto? ¿El propio Señor no pudo hacer milagros en Nazaret? Como creyentes sabemos que para que se mueva el Espíritu del Señor y se manifiesten sus obras tiene que haber una atmósfera preparada, una atmósfera de fe y credulidad. La incredulidad de aquel pueblo impidió a Jesús la reali-zación de milagros, de la misma manera que la falta de fe, en medio de la iglesia actual, impide la manifestación del poder y los dones del Espíritu. Nosotros como creyentes maduros tenemos que crear una atmósfera de fe a nuestro alrededor y estar convencidos que lo que pe-dimos recibiremos, porque la duda hará que nuestras oraciones no lle-guen ante el trono del Padre. Pienso que el Señor se preguntará: ¿cuándo aprenderán a creer de verdad, sin dudas, sin argumentos? ¿Hasta cuándo seguirán así? ¿Cuándo comenzarán a declarar “las cosas que no son como si fuesen”? Pero creyendo sin dudar!! La atmósfera de fe se forma rodeándonos de gente que cree igual que nosotros, que sabemos que nos va a apoyar declarando lo mismo, espe-rando lo mismo y confiando de la misma manera. A veces tendremos que hacer como Abraham que subió al monte solo con su hijo dejando a los criados abajo, no fuera a ser que con sus dudas impidieran que Dios se glorificara en lo que iba a hacer. El les dijo: “yo y el muchacho iremos, adoraremos y volveremos”. Eso es fe! Nunca dudó que Dios haría algo, estaba plenamente convencido de ello. Por eso cuando Isaac le preguntó donde estaba el cordero para el sacrificio le contestó: Dios se proveerá de cordero para el holocausto (Gen.22:1-14); y Abraham recibió su milagro! ¿Por qué? Porque estuvo dispuesto a esperar en su Dios, porque estuvo dispuesto a obedecerle, porque creyó en la provisión y porque estaba seguro que no le fallaría. Abraham creó un firme ambiente de fe en medio de aquel monte, se respiraría una fuerte atmósfera celestial donde los milagros serían totalmente posibles. Nosotros también podemos recibir nuestro milagro si creemos sin dudar y esperamos en Dios. 

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