LOS MANSOS

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” Mateo 5:5

 Según la definición del diccionario, una persona mansa es apacible, tranquila, muy buena. Según la Biblia los mansos son los de corazón humilde, dispuestos siempre a someterse a la voluntad de Dios. Son los que buscan con todo su ser al Señor, se consagran a él y se interesan en servirle con fidelidad y amor. Nunca son agresivos, no está en su naturaleza y la promesa de Dios es que finalmente heredarán la tierra. “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz.” Salmo 37:11 – Abundancia de paz! ¿Quién no quiere vivir en paz? Los hijos de Dios, los que permanecen en él, gozarán de su ayuda, el respaldo de su presencia, su dirección y guía en la tierra, heredarán su salvación y la tierra prometida. La Biblia hace referencia a Moisés como el varón más manso. “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.” Números 12:3. La mansedumbre de este hombre se basa en la humildad, dependencia y confianza en su Dios; cada vez que tenía que enfrentarse a un enemigo buscaba su dirección. “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.” Salmo 25:9. Dios se deleita en ayudar a a los humildes y defenderlos. Jesús nos dejó su ejemplo: “Llevad mi yugo sobre voso-tros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29. Todo aquel que aprenda a ser manso y humilde siguiendo el ejemplo de Jesús, se librará de muchas cargas, aprenderá a descansar en él, y vivirá en paz a pesar de los problemas. El consejo del Ap. Pablo es: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, sopor-tándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guarder la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.” Ef.4:1-3. La humildad y la mansedumbre son parte del fruto del Espíritu que cada creyente debe mostrar, y esto no se logra con esfuerzos humanos sino con una vida sometida al Señor.

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