LAS OFERTAS NAVIDEÑAS

Si le preguntamos a cualquier mujer, incluyéndome a mi, si le gustan las ofertas navideñas, seguro que la respuesta será afirmativa. Pero una cosa es que nos guste y otra muy diferente es que nos pongan a correr en un desenfreno imposible de parar como le ocurre al mundo que nos rodea. Ha comenzado otro Diciembre, último mes del año y todos sabemos lo que esto significa, agitación, locura por comprar, ofertas por todos lados, ventas especiales, y al final quiebra en la economía familiar. La corriente de este mundo nos ha vendido la idea de que hay que comprar, hay que gastar, regalar, hacer fiesta, comer, beber, y divertirse. Los comercios ganan millones a nuestra costa y nosotros nos empeñamos para luego pasar el año entero pagando tarjetas! Y todo ¿para qué? ¿para quedar bien, para mostrar que podemos hacerlo? Compramos cosas innecesarias y regalos que muchas veces ni entrega-mos. Nos hemos preguntado alguna vez qué dirá el Señor de todo esto, cuando nos gastamos todo, incluso lo que, por amor a él, y en obedien-cia a la palabra debemos darle, porque de él lo hemos recibido todo. No es que ofrendemos y diezmemos por obligación o para recibir más, sino que lo hacemos porque produce gozo y nos bendice. Lo que da-mos se reproduce, como la semilla que cae en buena tierra, y da fruto. “Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa como.” Mr.4:26-27.  Cuan

fiel es el Señor, que aun cuando nosotros fallamos sigue bendiciéndo-nos y prosperándonos. A él sea la gloria, la alabanza y todo el recono-cimiento, porque él es la navidad! Las luces de colores, los grandes árboles adornados, Santa Claus con su gran trineo y los renos, las her-mosas cajas de regalos que adornan los escaparates de las tiendas, aun la representación del pesebre, los ángeles, y los alegres villancicos, poco o nada tienen que ver con aquel niño anunciado por los ángeles y visitado por los pastores, Dios encarnado, que vino a la tierra por amor a nosotros, Jesús, Salvador y Mesías, anunciado por los profetas cien-tos de años antes de su nacimiento. El trajo luz en medio de las tinie- blas, luz de salvación y esperanza. No necesitamos ofertas navideñas, necesitamos conocer realmente al quien es el motivo de la Navidad.   

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