¿EN QUE LUGAR DEL PESEBRE SE ENCONTRABA EL?

Hace un tiempo atrás salió por las redes sociales la figura de un niño sentado en la falda de Santa Claus mirándole con curiosidad y preguntándole: En qué parte del pesebre estaba usted?” No hay nada mejor que la inocencia y sinceridad de un niño, ellos no saben que es indiscreción, ni saben disimular. Pero, yo también me pregunto: “¿En qué lugar del pesebre se encontraba él?”  En el evangelio de Lucas dice que el ángel dijo a los pastores: “Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre… Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.”  Navi-dad significa natividad, y esto es nacimiento, es un tiempo para cele-brar y recordar que Jesucristo vino a la tierra a nacer como uno de nosotros, para traer nuevamente la unidad entre Dios y la humanidad, para enseñarnos y guiarnos en el camino de vuelta al Padre. Algunos arman un pesebre recordando ese momento, otros ponen luces o una estrella, como la que apareció en el cielo aquella noche, muchos hacen regalos a la familia y amigos, recordando el mejor regalo, el Hijo de Dios dado por amor a nosotros. Pero, ¿quién introdujo a ese viejito bonachón, regordete, de larga barba blanca, vestido de rojo, que no tiene nada que ver con ese día especial? No estaba en Belén, no fue parte del pesebre, imposible que lo fuera porque este personaje apare-ció en el correr del siglo tercero en Asia Menor, un Obispo llamado Nicolás, un buen hombre con un buen corazón para los niños, y eso es todo, el resto es historia inventada por los hombres. Creo que, triste-mente, hay algunos creyentes que no se han enterado que ese “simpá-tico” viejito no estaba en la escena del pesebre, ni en la bella historia de la navidad, y todavía lo ponen entre sus adornos, y cantan “Santa Claus is coming to town”; una canción alegre y pegadiza pero que no nos habla del acto de amor de Dios entregando a su Hijo unigénito. Hoy me pregunto: ¿Dónde estábamos nosotros en la escena del pese-bre? Estábamos en la mente y el corazón del Padre! “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna.” Juan 3:16. Cuando el niño ya no estaba en Belén llegaron los sabios de oriente trayendo regalos, oro, incienso y mirra, reconociendo su reale-za, sacerdocio y sacrificio. Jesús es nuestro regalo de navidad!   

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