TIEMPOS PELIGROSOS

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para verguenza vuestra lo digo.” 1 Cor. 15:33-34

La palabra de Dios nos insta a no errar, no equivocarnos, tenemos el conocimiento y la ayuda del Espíritu Santo para no hacerlo, pero, más de lo que quisieramos, lo hacemos, ya sea de palabra o de hecho. La definición de moral es: buenas costumbres; relativo al espíritu intelectual. Parte de la filosofía (ciencia), que enseña las reglas que deben gobernar la actividad libre del hombre. Conjunto de las facultades del espíritu; y estado de ánimo. Los creyentes tenemos un código de moral, dado por Dios, muy por encima del que tiene el mundo, y tenemos que cumplirlo porque esto traerá bendición y paz a nuestras vidas. Es una realidad que cuando compartimos conversaciones que no edifican, que incluso nos hacen mal, nos dejan una incomodidad que inquieta nuestro interior, es el Espíritu Santo que nos advierte de no mezclarnos con lo que no agrada a Dios. Cuando compartimos un chisme, una burla, o un comentario fuera de lugar, nos metemos en el mismo terreno del diablo y pecamos, entristeciendo al Espíritu. El versículo dice velad, estar atentos, para que ninguna tentación del enemigo nos haga caer. Cuando nuestro testimonio no va acompañado de una conducta recta, por más que hablemos no estamos mostrando a Dios, su amor y su gracia, para que los que no le conocen sean atraídos a él.  Ahora bien, sabemos que el mundo va en una carrera acelerada hacia la destrucción, pero, en cuanto a la moral dentro del pueblo de Dios. ¿Cómo está? Se han multiplicado los falsos maestros, y aun los creyentes se han acomodado a una vida liviana y poco comprometida. Esto es, sin duda, algo muy triste delante del Padre y de los creyentes fieles. Ciertamente estamos viviendo en la generación de los que se aman a sí mismos, soberios, crueles, que no respetan los derechos de nadie, avaros, implacables y blasfemos, que bajo una apariencia de bondad engañan a los incautos, a los que no conocen las Escrituras ni están firmes en su fe, y tristemente son engañados. La gente llega de un mundo tramposo, mentiroso, donde predomina la ley del más fuerte, nosotros tenemos que enseñarles las reglas de decencia y buenas costumbres para que haya cambios en la moral en general.

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