TIEMPOS PELIGROSOS

Nadie puede negar que estamos viviendo tiempos difíciles y peligrosos, pero esto no debe asustarnos porque tenemos a Dios de nuestra parte.

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, ca-lumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” 2 Timoteo 3:1-5. Aunque el Ap. Pablo se proyectaba desde su época, donde ya se manifestaban los hechos crueles de los hombres, esta palabra se aplica perfectamente a nuestros tiempos. Pablo profetizó como se irían empeorando las cosas, multipli-cándose la maldad a medida que se acerca el fin. Hay un fracaso total en los conceptos morales y aun en lo espiritual. La familia se está des-moronando, no hay respeto por los padres, ni por las autoridades, las leyes son violadas y estamos en una decadencia total. Se han multipli-cado los falsos maestros, y aun los creyentes se han acomodado a una vida liviana y poco comprometida. Esto es, sin duda, algo muy triste delante del Padre y de los creyentes fieles. Ciertamente estamos viviendo en la generación de los que se aman a sí mismos, son soberbios, crueles, no respetan los derechos de nadie, avaros, implacables y blasfemos, que bajo una apariencia de bondad engañan a los incautos, a los que no conocen las Escrituras ni están firmes en su fe, y tristemen te son engañados. Afuera, el mundo se desmorona, el egoísmo, la falta de amor y de sentimientos tiernos hace que una mujer capacitada para ser madre, rechace a sus hijos y aún cometa el crimen de abortar a su bebé. El hombre, que debería ser cabeza, engendra hijos para después abandonar a la familia sin importarle lo que le suceda. Los hijos no respetan a los padres, aunque hayan sido los mejores, y se niegan a cuidar de ellos cuando son ancianos. El amor al dinero y a los placeres ha ocupado el lugar que le corresponde a Dios, todo está al revés. “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codi-ciando algunos, se extraviaron de la fe…” 1 Tim. 6:10. Es cierto que vivimos en tiempos peligrosos, pero el Señor está con su iglesia.

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