DINAMITA A NUESTRO ALCANCE

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Es-píritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8                                       

El pasado domingo hablamos acerca del poder que tenemos a nuestro alcance. En este pasaje Jesús está hablando a sus discípulos, y les da una promesa, “recibiréis poder”. ¿Cuándo? Cuando el Espíritu Santo haya venido a vuestras vidas! Poder en griego es dunamis, en español es dinamita; iglesia, eso es lo que tenemos, el poder del Espíritu Santo obrando a través nuestro. La dinamita es un explosivo compuesto de nitroglicerina,  que a su vez es un cuerpo oleaginoso formado por la acción del ácido nítrico  sobre la glicerina, lo que forma un explosivo muy potente. Eso es similar a lo que Dios ha puesto en nuestras vidas, el poder de Cristo para alcanzar las almas, para predicar, para cambiar nuestro entorno, para orar y reprender todo lo que se oponga al evangelio de perdón, salvación, paz y amor. Es mucho más que fuerza, capacidad o conocimiento, es poder en acción, energía en activi-dad, intensidad. Hay un poder dentro de cada creyente que debe salir hacia afuera para dar a conocer las verdades de la palabra de Dios, y nuestro testimonio lo debe respaldar. Si tenemos ese poder podremos ser testigos, alcanzando al mundo para Cristo; me “seréis testigos”, eso es lo que Jesús nos encomendó, pero para eso tenemos que tener una relación íntima y profunda con el Señor, un deseo intenso de exaltar su nombre, estudiar su palabra y orar, orar, orar. Cuando estamos verdaderamente comprometidos con Dios todo fluye de una manera natural. Los que se quedaron en Jerusalén esperando la promesa, como Jesús les había mandado, perseve-raron juntos y unánimes en oración, y pudieron ver el derramamineto del Espíritu sobre ellos, manifestándose en un estruendo como de un viento muy fuerte y como lenguas de fuego que se posaron sobre los presentes y fueron revestidos de poder. Estaban unánimes, juntos, orando, eso era lo que el Señor había ordenado, y nosotros muchas veces pretendemos tener la manifestación del poder del Espíritu sin estar juntos en un mismo sentir y en oración. Tenemos la dinamita a nuestro alcance iglesia y ¿qué estamos haciendo? Este es el tiempo para usar ese poder que va más allá de nuestras fuerzas y entendimiento, y este es el tiempo de usarlo sin temor porque el Señor nos respalda. 

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