“ESPERAR EN DIOS NOS CONVIENE” (03.20.16)

Hay un dicho popular que dice: “El que espera, desespera”. Es di-ficil esperar cuando ansiamos algo, pero cuando aprendemos a de-pender de Dios, podemos esperar con paciencia, sin afanarnos. El salmista decía “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mi, y oyó mi clamor” Salmo 40:1. Pocos son los que tienen la cualidad de saber esperar, de tener paciencia, y perseverar en la espera. Vivi-mos en la era de las cosas rápidas, las comunicaciones, las relacio-nes, las comidas, las compras… A través del internet nos comunica-mos con gente de todo el mundo en segundos, nos enteramos de las noticias de los países más remotos pocos minutos después de que ocurran los sucesos. Podemos comprar comida de regreso a casa, sin tener que bajarnos del auto, o podemos comprar un plato conge-lado en el supermercado y cocinarlo en el micro ondas en cuestión de minutos. Hacemos compras por internet, y nos dan crédito inme-diato en la mayoría de los negocios. Ya practicamente no hay que esperar por nada, y cuando nos hacen esperar nos ponemos nervio-sos o de mal humor, por eso, esperar en el Señor nos cuesta tanto. No hay nadie más paciente y que sabe esperar como nuestro Señor, no nos obliga a nada, aun cuando él sabe que es lo que nos convie-ne, y nos lo ofrece con amor. En muchas ocasiones nos veremos en situaciones dificiles o comprometidas por no querer esperar en Dios o por no consultarlo. La historia de Rut en la Biblia nos enseña mu-cho acerca de aprender a esperar. Una joven viuda, sin herencia ni futuro, se determinó a creer en el Dios de su suegra y recibió su re-compensa. Ella se habrá sentido sola mas de una vez, en un país ex-tranjero, sin amistades ni familia, solo con una suegra que cambió su nombre de Noemí, que significa placentera, a Mara (amargura). Un cuadro muy gris, pero aquella joven creyó que Dios podía res-taurarla. Para una mujer joven y viuda en aquella época no había fu-turo pero Dios preparó un Booz que la elevó a la categoría de mujer honorable al casarse con ella. A Noemí se le quitó la amargura y volvió a sonreir cuando tuvo en sus brazos al hijo que nació a Booz y Rut, transformándola en abuela. Si aprendemos esperar llegará un Booz que nos llevará de la mano hacia la bendición que Dios tiene para cada uno de nosotros, por  eso nos conviene esperar en él!

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO