COLUMNAS DE CONCRETO Y CEMENTO EN LA IGLESIA (10.23.16)

“Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre.”

Todos los que hemos creído en Jesucristo como Señor y Salvador tenemos la posibilidad de ser hechos columnas en medio del pueblo de Dios, es más él espera que crezcamos y seamos esas columnas que nada ni nadie podrá derribar, como las de concreto y cemento.

La columna es un elemento de soporte que se compone de base y capitel, y sirve para apoyo, sostén, es un pilar, un baluarte. La columna vertebral es la que mantiene nuestro cuerpo erguido. Las columnas son las que sostienen un edificio en pie y están hechas de cemento y concreto, los materiales más importantes para una construcción. La palabra cemento viene del latín caementum que significa: áspero, tosco, rudo, en bruto, sin forma. El cemento es un polvo gris muy fino, que al mezclarse con agua forma una pasta que unen la arena, grava y piedras picadas, que al endurecerse forman el concreto. la palabra concreto viene del latín concretus, que significa: crecer juntos. El concreto es hermético, contra fuego, muy duro, compacto. Cuando recién se mezcla puede ser moldeado en cualquier forma, pero se endurece rápidamente y una vez que se seca se transforma en un material extremadamente duro, resistente a los golpes y muy duradero. Los dos materiales juntos se usan para poner fundamentos y columnas en edificios, carreteras, pistas de aeropuertos, columnas de puentes, túneles, y drenajes que llevan el agua por debajo de la tierra. Indudablemente podemos comparar esos elementos con nuestra vida espiritual, antes de Cristo éramos como el cemento, ásperos, toscos, sin forma, y hacía falta el toque de la mano de nuestro Señor para transformarnos a su imagen y semejanza. Una vez que Dios comienza a trabajar en nosotros nos convertimos en personas compactas, duras, contra todo viento y fuego, herméticos, nada ni nadie nos podrá quebrantar porque tenemos la fuerza y el poder del Espíritu Santo que nos sostiene.

No tenemos que esperar a estar en la presencia de Dios, en la eternidad, sino que a través de nuestro servicio y entrega podemos ser columnas ahora mismo, mientras estemos en la tierra.  

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO