¿DONDE ESTABAS TU, EN LA ESCENA DEL PESEBRE? (12.27.16)

Hace unos días salió por Internet, y seguramente muchos lo vieron, la figura de un niño sentado en la falda de Santa Claus, que le preguntaba: “¿En qué parte del pesebre estaba usted?” La verdad que me dejó pensando, porque todavía hay muchos creyentes, que me parece que no se han enterado que ese viejito bonachón y regordete, de larga barba blanca, no tiene que nada que ver con el nacimiento de Jesús. No estaba allí, no fue parte del pesebre, imposible que lo fuera, porque fue inventado por los hombres y aparece en escena muchísimos años después. En estos días de celebración se ven muchas cosas, no solo saludos navideños fuera de orden como: “Felices Fiestas”, (para no ofender a nadie), pero también muchos que escriben cosas como que en el Nuevo Año se van a cumplir todos nuestros anhelos, o que será un año lleno de amor, paz y gozo! Creo que Dios es muy fiel y cumple sus promesas, pero cada una de estas son para sus hijos, los que viven según el consejo de la palabra y en obediencia a ella. Las promesas del Señor no se cumplen solo por el buen deseo de las personas, ni porque las escribamos en una linda tarjeta cibernética. Pensemos por un momento en ese acto de amor, el Padre entregando lo mejor que tenía, su Hijo amado; el Espíritu Santo engendrando a un niño en el vientre de una virgen; Jesús, dejando toda su gloria y majestad para hacerse como uno de nosotros naciendo como un bebé! La pregunta es: ¿Dónde estábamos nosotros en esa escena? Estábamos en la mente y corazón de Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” En el pesebre no había luces de colores, ni arbolito adornado, ni siquiera estaban los sabios de oriente, que llegaron mucho después con sus regalos de oro, incienso y mirra, para el niño. Allí presentes en aquel establo solo estaban José, María, el bebé recién nacido y unos humildes pastores. Pero la oscuridad de la noche había sido alumbrada por un gran resplandor y un ángel, junto con una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios y decían: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Nosotros no lo sabíamos, pero en aquel niño se hizo realidad nuestra salvación, por eso digo que estábamos allí.

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO