COMIENZA EL DESENFRENO (11.27.16)

Estamos al comienzo del último mes del año y ya sabemos lo que esto significa, para muchos comienza la agitación, la locura de las compras, los gastos, las ofertas navideñas y por ende la quiebra económica. El mundo nos ha engañado y vendido la idea de que hay que comprar, hay que regalar, hay que gastar, hay que hacer fiesta, comer, beber, divertirse, un verdadero desenfreno. Y todo ¿para qué? para empeñarnos hasta los ojos! Los comercios ganan millones a costa nuestra, y digo nuestra porque todos nos vemos involucrados en esa carrera fuera de serie. El “Black Friday” ahora comienza una semana antes, con ofertas muy tentadoras que nos envuelven y hasta compramos cosas que no necesitamos y regalos que muchas veces no tienen destinatario. Creo que todos entienden de lo que estoy hablando y quizás también se pregunten como yo, que dirá el Señor de todo esto. De él hemos recibido todo lo que tenemos y muchas veces gastamos mas de lo que tenemos y nos olvidamos de darle a él la pequeña parte que nos enseña que debemos darle, tan solo un 10% de nuestras ganancias. Cuando entendemos la palabra y nos disponemos a obedecerla, dar es algo natural, algo que nos bendice, porque a la medida que le damos recibimos más. No es que ofrendamos y diezmamos por obligación o para recibir más, sino que lo hacemos porque nos produce un gozo, una alegría que trae paz al corazón y refresca nuestras vidas. Hace muchos años vivimos una experiencia maravillosa con nuestra familia, teníamos nuestros tres hijos pequeños y la economía no era muy abundante, con mi esposo sabíamos que si dábamos el diezmo esa semana quedaríamos bastante cortos para la comida y otros pagos, pero entendimos que no podíamos dejar de hacerlo, así que hice el cheque y lo pusimos en la ofenda. Momentos antes de hacerlo un hermano se había acercado a mi esposo y le había dado un sobre diciéndole, “esta mañana el Señor me habló y me dijo que te diera esto”, el puso el sobre en el bolsillo y entró a alabar a Dios. Cuando llegamos a nuestra casa recordó lo que había pasado y me lo contó, cuando abrimos el sobre había una ofrenda casi tres veces mayor de lo que había sido nuestro diezmo. Cuan fiel es el Señor y que paciente con nosotros! Dejemos el desenfreno de los próximos días y cuidemos lo que Dios nos ha dado, y seamos agradecidos. 

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO