Transformados En Su Presencia

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

2 Cor. 3:18

Según el diccionario, transformar es dar a una persona o cosa una forma distinta de la que tenía, es convertirse en algo diferente. Es sufrir un cambio, una metamorfosis. Para nosostros ser transforma-dos en nuevas criaturas, tuvo que haber un cambio radical en nues-tras vidas. El impacto del encuentro con Jesús hace la transforma-ción. A medida que experimentamos el perdón, el amor, la cercanía, el poder, la gracia, la paz y el gozo de Jesucristo, vamos siendo transformados. La palabra de Dios, la comunicación a través de la oración y la presencia del Espíritu Santo obrando en nosotros, ha-cen el cambio, y vamos pareciéndonos mas a él. Esa transforma-ción es progresiva, poco a poco, paso a paso, hasta que seamos llamados a la presencia del Señor y le veamos cara a cara, entonces la transformación se completará. Según nuestra búsqueda de su presencia, ocurrirán los cambios en nuestra vida; por eso algunos creyentes crecen mas rapidamente, ya que tienen mayor intimidad con Cristo, hay una mayor disposición en su corazón de buscarle. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifesta-do lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se mani-fieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” 1 Jn. 3:2. Seremos semejantes a él, pero mientras que vamos camino a ello tenemos que vivir pegados a él, imitándole en todo y hacienda su voluntad. Jacob tuvo que luchar con todas sus fuerzas durante toda una noche para recibir la bendición que quería. Dios le permitió que venciera pero lo marcó para siempre, quedó cojo de por vida. ¿Cómo podemos interpretar esto? Hasta ese momento Jacob había hecho lo que mejor le parecía, caminaba sin impede-mento, iba donde quería, pero ahora su cojera era como una advertencia de Dios, ya no andaría en su propia fuerza ni haciendo su voluntad, sino que debía depender totalmente de Dios y caminar en obediencia. Si queremos ser transformados tenemos que vivir en su presencia diariamente.

Por La Pastora Graciela Lago