DESPOJANDONOS DEL VIEJO HOMBRE (10.16.17)

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Ef. 4:22-24

Según el consejo de la palabra esto es para el hombre y la mujer, joven o anciano, para todo el que haya confesado a Cristo como su Señor y Salvador. En el camino de nuestra vida cristiana tenemos que ir dejando cosas que no agradan a Dios ni van de acuerdo a sus mandamientos. Despojar significa privar, quitar, desnudarse, desposeerse, o sea que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos sino al Señor; como dice en     2 Cor. 5:17 -  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Tristemente hay muchos creyentes viviendo según su propia voluntad sin ajustarse a los mandamientos y consejos de la palabra; viviendo una vida liviana, sin compromiso con Dios y su reino. El mundo puede decir: “yo soy así y nadie me va a cambiar; ya soy grandecito para que me digan lo que tengo que hacer; no me da la gana hacerlo, no siento deseos, etc.”; eso es para los que todavía no conocen a Cristo, pero para el creyente es imposible expresarse de esa manera. Solo un inmaduro, carnal e ignorante de las escrituras puede hablar de esa manera. La palabra nos confronta con la verdad, lo correcto, lo que nos conviene, y muchas veces será tan dura que nos hará llorar, pero nos llevará por buen camino. No es “si quiero o deseo o me gusta”, es por obediencia a Dios, a su palabra, y a los que él ha puesto como líderes espirituales sobre nuestra vida. En el reino de Dios no se admiten “rabietas infantiles”, tales como: “si no me dejan hacer lo que quiero, no hago nada; si ponen a otro a hacer lo que yo quiero, no le hablo, ni le saludo; me molesta que me digan lo que tengo que hacer; solo me someto a quien me cae bien”. Si verdaderamente somos nuevas criaturas hemos sido transformados, cambiados a otra persona a semejanza de su creador, Jesucristo. “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros… Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca…” Col. 3:5-10 – Morir implica cambio, se acabó lo que era antes con todas sus manifestaciones. 

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO

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