Libres Por La Verdad Que es Cristo

Jn. 8:31-32 – “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdadera-mente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” LA VIDA EN EL SEÑOR NOS HACE REALMENTE LIBRES. Cuando alguien entiende que Dios le ha librado del pecado y de la muerte, es realmente libre. Cuando no hay carga de pecado, somos verdaderamente libres. En la vida puede ser que tenga una cadena larga, pero va a llegar un momento en que voy a sentir el tirón que me va a hacer reconocer que tengo un límite. La libertad de Dios es una libertad sin límites, llega hasta la misma presencia del Señor. El Señor dice que si lo conocemos, si tenemos una relación íntima con él vamos a ser verdaderamente libres no hay cadenas, no hay opre-siones, hay libertad por la GRACIA DE DIOS, por su favor, por su amor y perdón por tantas cosas que nos hacen bien. Veamos el ejemplo de los elefantes en la India, de cachorritos les atan la pata trasera a una estaca, el elefantito camina pero llega un punto en que no puede seguir; va hasta donde le permite la cuerda; cuando crece, y los que trabajan con esos elefantes adultos quieren descansar, le atan una cuerda a la pata y el elefante regresa en su memoria hasta donde él podía llegar de chico, y no va mas allá, su dueño descansa, sabe que su elefante no se va, no tiene que atarlo a nada. Lo que le enseñaron de chiquito, a perder la libertad está clavado en su memoria.¡Que diferencia! Dios desató nuestras cadenas, rompió los lazos del oprobio, cosas escondidas en el corazón, Dios rompió todo lo que desde la niñez nos detuvo, todos los complejos que nos limitaban. Dios rompió todos lo que nos condicionaba y no nos permitía ser un hombre o una mujer libre. NO HAY CADENAS; EN CRISTO HAY LIBERTAD. Nosotros tenemos que grabar muy fuerte en el corazón que Dios nos hizo libres. No hay ninguna persona que me limite; podrán encerrar y castigar mi cuerpo, pero mi vida está libre. Puede ser que haya límites, cárceles, murallas, pero somos libres. Y esta realidad que es la verdad de Dios, no solo tiene que alumbrar el corazón sino FORTALECERNOS EN LA FE. Así se veían los creyentes del primer siglo, no había cadenas, ni ataduras, así se veía Pablo, no en cadenas, siempre se vio libre en Cristo! 

Por La Pastora Graciela Lago