FORTALEZA MIA, ROCA MIA, CASTILLO MIO… (10.01.17)

Salmo 18, un Salmo que exalta la bondad, grandeza, majestad, y autoridad de nuestro Dios e inspira nuestras vidas. Un Salmo de David, escrito cuando Dios lo libró de la mano de todos sus enemigos. El salmista escribe movido por amor, agradecimiento y reconocimiento a su Señor. Si leemos todo el salmo veremos hermosas palabras inspiradas que levantan un cántico que sube de un corazón humilde, sencillo, pero seguro de en quien ha creído y esperado. Frente a las luchas, pruebas y vicisitudes de la vida se fortalece y se derrama delante de la majestuosa presencia del Dios todo poderoso. Solo en los primeros dos versículos nos describe el esmerado cuidado de Dios Padre para sus hijos con seis símbolos: “roca mía”, la seguridad de estar en una roca inconmovible; “fortaleza mía”, la seguridad de tener un refugio fuerte, inquebrantable; “mi libertador”, la seguridad de tener libertad en Cristo; “mi escudo”, la cobertura del Espíritu Santo ante el peligro; “fuerza de mi salvación”, la fortaleza y la confianza de todo creyente en nuestro Salvador; “mi alto refugio”, nuestro lugar seguro, fuera de las asechanzas del enemigo. “Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, más Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mi.” No importa en la situación que nos podamos encontrar, porque donde quiera que estemos él nos ve y acude a nuestro auxilio, nos levanta y nos lleva a lugares de remanso y paz. “Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.” El es la luz que alumbra nuestro sendero de la vida. “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros. En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan.” Si no nos apartamos de sus caminos y su palabra tenemos la certeza que obtendremos la victoria deseada. “Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; quien adiestra mis manos para la batalla, paras entesar con mis brazos el arco de bronce.” Frente a esto solo nos queda darle gracias, y reconocer que sin él no podemos vivir.     

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO