GOZO, JUBILO, CANTOS Y DANZAS (09.18.16)

“David danzaba con todas su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.” 2 Samuel 6:14-15

Cuando recibimos regalos, o buenas noticias, cuando se alegra nuestro corazón por metas o sueños alcanzados, cuando estamos felices por algún hecho ocurrido, nos dan ganas de cantar o de danzar, o de compartir nuestra alegría! Eso fue lo que le pasó al rey David cuando llevó el arca a Jerusalén, estaba eufórico, con esa sensación de bienestar, de confianza y satisfacción por lo que estaba haciendo. David estaba llevando el arca de Dios, donde habitaba su presencia, a su ciudad, porque donde quiera que estaba había bendición, como había pasado con la casa de Obededom. “Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obededom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obededom a la ciudad de David.” El arca era un cofre sagrado, hecho de madera de acacia y recubierto por dentro y por fuera de oro puro; era un tipo de Cristo y figura de la manifestación de la justicia divina. David danzaba y danzaba, con todas sus fuerzas, vestido con un efod de lino. Efod significa “cubierta”, y era una prenda sacerdotal hecha con las instrucciones dadas por Dios. Aunque David no pertenecía a la tribu de los sacerdotes, en esa ocasión se revistió como uno de ellos para exaltar y glorificar al Señor. El había intentado llevar el arca anteriormente, pero por no hacerlo correctamente Dios se enojó, y no pudieron llevar el arca a Jerusalén. Ahora, siguiendo las instrucciones que Dios había dado, todo fue bien. Cuando la iglesia sigue las instrucciones de la palabra, se goza delante de su presencia y alaba con libertad, se mueve la presencia del Espíritu Santo y suceden cosas maravillosas. Quizás no seamos comprendidos o nos critiquen, como lo hicieron con David, pero el gozo de estar en su presencia no se compara con nada. Cada uno de nosotros somos llamados a llevar la presencia de Dios; ese efod que llevaba el rey en esa ocasión, es para nosotros la cobertura del Espíritu en nuestras vidas. Manifestemos el gozo, el júbilo, con cánticos y danzas, porque su presencia está en su iglesia.

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO