ARMAS ESPIRITUALES PARA VENCER (08.13.17)

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.” 1 Tes. 5:16

El Ap. Pablo le habla a la iglesia y le insta a permanecer firmes, a trabajar con paciencia y a ser diligentes en todo lo que hagan. Hay armas espirituales que paralizan al enemigo y hay que ponerlas por obra para vencer sobre cualquier circunstancia.

Estar siempre gozosos – Vivir vidas en plenitud a pesar de las pruebas. El gozo del Señor es nuestra fortaleza, y cuanto estamos llenos de él se puede ver. “El corazón alegre hermosea el rostro” dice en Pr. 15:13. El Espíritu Santo se encarga de dárnoslo.

Orar sin cesar – La oración es un arma mortal para las tinieblas; el enemigo tiembla cuando la iglesia ora, porque estamos conectados directamente con el Espíritu, en la presencia del Padre, declarando las palabras del Hijo.

Dando gracias en todo – Un corazón agradecido vive feliz, porque sabe lo que el Señor hizo por amor a nosotros. Ser agradecidos nos rejuvenece, nos hace mas tiernos, mas benignos, mas humildes. Además esta es la voluntad del Señor, nos hace mas obedientes.

No apagar al Espíritu – Se compara con el hecho de rechazar las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. Esto pudiera llevarnos a perder el mover del Espíritu en nuestras vidas y en la congregación; no nos conviene.

No menospreciar las profecías – Rechazar y reprimir el uso correcto y ordenado de la profecía o algún otro don, tendrá como resultado una sequedad espiritual en el Cuerpo.

Examinarlo todo y retener lo bueno – Observar, estar atentos a lo que oímos para no caer en ningún engaño. Aprendiendo a retener lo bueno, lo que nos bendice y edifica.

Absteniéndonos de toda especie de mal – No participar de lo malo, de las obras malignas del mundo. Recordemos siempre que aunque todavía estamos en el mundo ya no pertenecemos a él, marquemos la diferencia.

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO