LA OBEDIENCIA TRAE RECOMPENSA

“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Rom. 5:19

La obediencia es algo que se aprende, ya que por naturaleza somos desobedientes, y esto lo podemos ver en los niños como desde muy pequeñitos quieren hacer su voluntad y no lo que sus padres les enseñan. Jesucristo nos dejó su ejemplo siendo obediente a todo lo que el Padre le dijo, aun llegan-do hasta la muerte. Cuando nos dicen “no hagas eso, no te conviene”, pare-ce ser que es cuando más lo queremos hacer. ¿No les ha pasado alguna vez? Nos dejamos llevar por nuestros impulsos y deseos naturales sin medir las consecuencias, lo cual nos lleva a tropiezos y malas experiencias que muchas veces traen consecuencias funestas. “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. 1 Pedro 1:14-15. La iglesia de hoy en general, vive una vida de obediencia condicional, ¿por qué digo esto? Porque tomamos de la palabra lo que nos gusta o nos conviene, y lo demás lo ponemos a un lado. Si hiciéramos todo lo que el Señor nos manda en su palabra viviríamos vidas victoriosas, plenamente capacitados para obedecer, no importando si nos gusta o no, porque el final siempre traerá una grata recompensa. “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro”. 1 Pedro 1:22. Cuando somos obedientes también somos santificados, nuestro corazón es puro y amamos incondicionalmente, y aunque todavía andamos en la carne, no vivimos según sus deseos sino que nos dejamos guiar por el Espíritu Santo para conducirnos con cordura y rectitud. “Pues aunque andamos en la car-ne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando todo argumento y toda altivez que se levanta contra el cono-cimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. 2 Cor. 10:3-5. Dios nos ha dado armas poderosas para vencer sobre nuestra naturaleza carnal, y cuando nos ajustamos a sus mandamientos y somos obedientes nuestras vidas serán totalmente transformadas y podremos ser ejemplo a muchos. Es una bendición aprender a someter nuestros pensamientos y actos a la obediencia a Cristo, entonces seremos tal como él es!

 POR LA PASTORA GRACIELA LAGO