UN CLAVO EN LA PARED

“NO SIRVIENDO AL OJO, COMO LOS QUE QUIEREN AGRADAR A LOS
HOMBRES, SINO COMO SIERVOS DE CRISTO, DE CORAZON HACIEN-
DO LA VOLUNTAD DE DIOS; SIRVIENDO DE BUENA VOLUNTAD…”
Ef. 6:6-7
- Hace unas noches atrás no podia dormir, oré y oré y el sueño no
venía, estaba cansada y no quería levantarme así que le dije al Señor que
me diera algo por lo cual valiera la pena estar despierta, mientras mi esposo
dormía placidamente a mi lado. Pasó un buen rato hasta que vi en mi mente
un clavo bastante grande en medio de una pared vacía. Le pregunté al Señor
¿hay alguna enseñanza detrás de esto? Y poco a poco fue fluyendo algo
precioso que edificó mi vida y lo quiero compartir. Ese clavo no significaba
nada, no era un adorno, y solo, no servía para nada. De pronto aparecieron
unas manos llevando un precioso cuadro y con mucha delicadeza lo colga-
ron del clavo. La pared vacía cobró vida, y el clavo ya no se vio más, quedó
escondido detrás del cuadro. Me puse a pensar en nosotros, a veces quere-
mos ser vistos, escuchados, valorados y reconocidos, pero no estamos
dispuestos a pagar el precio para ello. Ese clavo, solo, en medio de la pared
no servía de mucho, su trabajo sería sostener esa obra de arte, pero para
ello quedaría relegado a un segundo plano. Me pregunto, ¿estamos dis-
puestos a dejar de conjugar el verbo siempre en primera persona? ¿Tengo
yo un corazón dispuesto a sostener a otros, amarlos, ayudarlos, aunque esto
signifique anularme a mi misma? Eso es lo que hizo Cristo, se anuló a sí
mismo, dejó su reino celestial y vino a la tierra como uno mas de nosotros;
dejó toda su gloria y majestad y se vistió como un simple mortal. Cargó
sobre sí los pecados de toda la humanidad y no le importó porque él quería
mostrarle al Padre un hermoso cuadro de redimidos por su sangre, hombres
y mujeres, niños y ancianos, que pasarían a ser lo mas preciado en la galería
de arte de las mansiones celestiales! Ese clavo en la pared tuvo que mante-
nerse firme y sostener sobre sí el peso de otro que sería admirado y elo-
giado, miestras él pasaría inadvertido, escondido en la parte de atrás.
Muchos en las filas de la iglesia, se quejan de no ser reconocidos, y triste-
mente deambulan de una congregación a otra, a ver si alguien los descubre
y les da el lugar que creen merecer, sin pensar que quizas Dios los quiere
para una tarea sencilla pero muy importante, sostener a otros, mostrando
firmeza en sus convicciones y enseñando, sin palabras, lo que es un siervo
fiel. No agradando a los hombres sino a Dios, y si hay que ser clavos, los
seremos, aguantando el peso que sea necesario, Dios nos recompensará!

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO

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