EL MEJOR ESCONDITE (06.11.17)

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” Colosenses 3:2-3

Recuerdo de niña que pasaba horas con mis amigas, jugando a la escondida. Me gustaba encontrar los mejores escondites para que no me pudieran encontrar. Cuando a la que le tocaba buscar se alejaba de la base, yo salía de mi escondite corriendo para tocar la base y librar a todas mis compañeras, con un grito de triunfo! Jugué mucho a la escondida con mis hijos cuando eran pequeños, luego con mis nietos y hasta hace no mucho con las dos mas pequeñas que nunca querían parar de hacerlo. ¿Que enseñanza podemos recibir de esto? Cuando estamos guardados bajo la cobertura de Cristo, el diablo no nos puede encontrar, no puede vernos, se desorienta y no nos puede alcanzar, porque estamos en el mejor escondite! Algunos parece que les gusta andar jugando a las escondidas con el enemigo; un juego peligroso, cuando se juega con él siempre se pierde. No hay que darle lugar, hay que mantenerlo lejos con el poder de la palabra.

¿Cómo podemos hacer para llegar a esa posición con Cristo?

  1. Estar bajo su cobertura, no salirnos de allí para nada.
  2. Ser obedientes a su palabra, a sus mandamientos.
  3. No ocuparnos demasiado de lo terrenal, sino buscar las cosas de arriba.
  4. Orar sin cesar. Comunicación continua con nuestro Padre celestial.
  5. Morir a nuestro YO; quizás esto es lo más difícil. Un carácter controlado por el Espíritu Santo.
  6. Búsqueda diaria de la presencia del Señor. Vivir en una continua renovación espiritual. Lo de ayer ya pasó.

Cuando estamos bajo la cobertura del Señor tenemos seguridad, paz, gozo, estamos satisfechos, el enemigo no puede traspasar al terreno de Cristo donde nos encontramos, por lo tanto no nos puede tentar, no se puede comunicar con nosotros porque estamos en otra frecuencia, lanzará flechas al aire sin dirección precisa, por lo tanto no dará en el blanco, gracias a nuestro maravilloso Señor.

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO