PERFECTAMENTE UNIDOS (06.04.17)

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”. 1 Cor. 1:10

Ya en el tiempo del Ap. Pablo, había una evidente manifestación de división con respecto a los dirigentes de la iglesia, e incluso algunos miembros de las diferentes congregaciones se estaban apegando más a ciertos ministros del evangelio que al evangelio mismo. Pablo condena esa actitud, recordándoles que ni él ni ningún otro hombre fue crucificado por la humanidad, solo Cristo. Tristemente ese mismo error se manifiesta en nuestros días, ya que algunos creyentes se apegan más a un pastor o evangelista que a Cristo y su palabra. Muchos corren de aquí para allá siguiendo al predicador de moda o queriendo ser parte de la iglesia que esté en auge. Debemos tener sumo cuidado en enfocarnos en la palabra de Dios, en su amor y su fidelidad, y no en un ministro o ministerio. Para poder hablar todos unas mismas cosas tenemos que estar de acuerdo, tratarnos, conocernos, compartir, no solo vernos un rato en cada Servicio. Algunos hermanos solo conocen la nuca del que está sentado delante de él, ni siquiera le ven su cara; por eso es bueno cuando el pastor o ministro de alabanza nos manda a salir de nuestros lugares e ir a abrazar, saludar y bendecirnos mutuamente. ¿Cómo podremos estar perfectamente unidos y pensar lo mismo si no nos conocemos? Aun cuando creemos lo mismo y declaramos una misma fe, nos sentiremos más unidos si nos conocemos por nombre propio. La división es inaceptable en la familia de Dios, y si en algo no estamos de acuerdo busquemos la dirección del Espíritu y la guía de la palabra. “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Rom. 12:9-10. Amor fraternal, no fingido. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” Jn. 17:21. Que todos sean uno como Cristo y el Padre lo son. Siempre dispuestos a guardar la unidad del Espíritu, como dice en Ef. 4:3-6, en el vínculo de la paz.

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO