EMBARCADOS EN UN VIAJE APACIONANTE

Si alguna vez  has viajado en barco o en avión, sabras de lo que estoy hablando. Es apacionante prepararse, seleccionar el lugar donde queremos ir, comprar los pasajes, hacer el equipaje, escoger lo que vamos a llevar, siempre nos compramos alguna ropa nueva apropiada para el viaje… en fin y esperar expectantes que llegue el día de partida. La vida cristiana es algo similar, un viaje apacionante! Vamos conociendo algo nuevo cada día, desde el momento que declaramos a Cristo como Señor y Salvador adquirimos el pasaje hacia la vida eterna, nos embarcamos en una aventura que nos lleva de maravilla en maravilla, de bendición en bendición! El destino es seguro e incom-parable, siempre que permanezcamos dentro de la barca y sometidos a la voluntad del capitán, Jesucristo. Pasaremos momentos de pruebas, de problemas, quizas tengamos algúnos momentos de temor, porque en el camino nos enfrentaremos a situaciones difíciles o adversas, pero la esperanza de llegar a la meta, al destino nos mantendrá activos y expectantes de todo lo que vamos a vivir. En Hebreos 11:7 dice: “Por la fe, Noé cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase…” En el tiempo de Noé, como en nuestro tiempo, el mundo estaba corrompido por causa del pecado, mucha violencia, depravación, lujuria, desviación, falta de respeto, sin temor a Dios. Hoy no quieren hablar de eso, un mensaje de arrepentimiento, de reconocimiento de la maldad y del pecado no es bien visto. A nadie le gusta que le señalen sus errores o lo confronten con su pecado, por eso no está muy de moda predicar o enseñar ese mensaje, pero esa fue la advertencia que Dios le dio a Noé acerca de cosas que todavía no habían sucedido pero que de seguro iban a acontecer. ¿Por qué vamos a callar? Es necesario proclamar lo que vendrá, hay que sacar del error al mundo, hay que enseñar la verdad del evangelio. Hay que predicar del amor de Dios paro también de su justicia, hay que extender la mano y ayudar al necesitado, pero también hay que compartirle la verdad de la palabra. La travesía es apacionante con momentos de gozo y alegría, y momen-tos de sosobra y de peligro, pero lo importante es que lleguemos a destino habiendo cumplido la mission, porque esa es la mejor manera de disfrutar el viaje junto con nuestro Señor. 

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO   

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