SOMETIDOS A DIOS (05.01.16)

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Stgo. 4:7No podemos dejarnos someter a las corrientes mundanas, a las costumbres y modas de este siglo que lo que hacen es alejarnos de Dios y desviarnos de su propósito. Sometido es estar dominado, sujeto, gobernado, y mi vida, nuestra vida, la Iglesia, tiene que estar sometida a Cristo y nada más que a él. No podemos estar dominados por un control de televisión o por el internet todo el día, tampoco dejarnos gobernar por el yugo del alcohol, las drogas o la pornografía, que estimulan las emociones de la carne, ni debemos dejar-nos llevar por las fantasías de las novelas amorosas que cautivan y distraen la atención, y mucho menos por películas de terror con mensajes diabólicos ocultos que incitan al odio, la maldad, y al crimen. Como dice Santiago, sometidos a Dios podremos resistir al diablo, y este huirá despavorido de nuestras vidas. Sometidos a Cristo, rechazando todas las insinuaciones del diablo, y descubriendo todas sus artimañas, triunfaremos. ¿Cómo podremos vencerlo si no estamos sometidos al Señor? Por supuesto que no! No le demos lugar a Satanás para nada, el se cuela por el ojo de una aguja y después cuesta muchísimo deshacerse de él. El Ap. Pablo, en Colosenses 3, nos aconseja a buscar las cosas de arriba, las del cielo, no las de la tierra, y aun dice más, habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. ¿Muertos? Sí, muertos al pecado, Jesús nos lleva de su mano para que no tropecemos, nos ha rodeado, nos ha escondidos en él para que no seamos sometidos, dominados o gobernados por el enemigo; los versículos 14 al 17 dicen que nos vistamos de amor, que es el vínculo perfecto, que la paz de Dios gobierne en nuestros corazones, que seamos agradecidos, que la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros para que podamos enseñarnos y exhortarnos unos a otros en sabiduría, y que todo lo que hagamos, sea hecho en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Padre. En Col. 4:2, se nos anima a perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias. Pero cuanto nos cuesta orar, más bien buscamos a otros que nos oren, gente de fe a los que Dios escucha, como si él no atendiera la oración de uno de sus pequeñitos. No… esas son las que mas le gustan, sencillas pero que salen de un corazón sincero, de los que están sometidos a Cristo, y tocan el trono de Dios! 

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO