¿QUE LE PEDIMOS AL SEÑOR?

Como hijos de Dios tenemos ciertos derechos para pedir, pero ¿qué es lo que pedimos, y cómo lo hacemos? En Mateo 7:7-8 dice: “Pe-did y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla; y al que llama, se le abrirá.” Pedir significa que estamos creyendo que nuestro Padre celestial nos oye y contesta, implica tener conciencia de que hay u-na necesidad y que tenemos alguien que puede suplir. Jesús dijo: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.” Hay una condición, pedir creyendo para poder recibir. En 1 Reyes 3:5-15, encontramos un relato que todos los creyentes deberíamos conocer. Dios se comunica con Salomón en sueños y le dice: “Pide lo que quieras que yo te dé”. Salomón era joven y sin experiencia para go-bernar, pero ahí estaba Dios para darle lo que él pidiera. ¿Qué hu-bieramos hecho nosotros hoy? ¿Pedir la casa que soñamos, un carro nuevo, un aumento de sueldo, o un mejor trabajo? ¿Qué pidió Salo-món? “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo”. Le pidió sabi-duría, entendimiento, estrategias para ser un buen gobernante! No pidió riquezas, ni triunfar sobre sus enemigos, tampoco vivir mu-chos años, pidió inteligencia, prudencia, buen juicio para dirigir al pueblo. A Dios le agradó mucho la petición de Salomón y por esa razón dijo: “He aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria…” Y aun más, le prometió que si guardaba sus mandamien-tos le daría muchos años de vida. Así es nuestro Dios, se le va la mano dándole buenas dádivas a sus hijos! ¿Qué hizo Salomón cuando se despertó del sueño? Se fue a Jerusalén a adorar a Dios y a llevarle ofrendas; y también hizo fiesta para el pueblo. Le creyó a Dios, su corazón estaba agradecido, lleno de gozo y quería compar-tirlo. Muchas veces, después que recibimos lo que hemos pedido al Señor, no nos acordamos de darle gracias, o compartir la bendición con los demás. Aprendamos a pedir correctamente, a ser agradeci-dos, y a compartir la bendición con todos aquellos que amamos y nos necesitan. Aprendamos a pedir bien.

Por La Pastora Graciela Lago