HAMBRE DE LA PALABRA

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”. Amós 8:11

Tenemos promesas de Dios que no dejará padecer hambre al justo, (Pr. 10:3; Is. 49:10), hablando de la necesidades físicas, pero eso no quiere decir que no podamos pasar tiempos de escasez, condiciones económicas o sociales difíciles, u otro tipo de penurias, lo que sí sabemos que él nunca nos abandonará y su ayuda siempre llega cuando más la necesitamos. Que maravilloso que podamos tener hambre de oír la palabra de Dios. Rom. 10:17 dice: “Porque la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Cuanto más recibimos, más queremos, igual que cuando comemos algo sabroso, que agrada nuestro paladar y deseamos comer más! Jesús dijo: “Bienaventura-dos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. (Mto. 5:6). Moisés, David, Pablo, tuvieron esa hambre, y nosotros también debemos tenerla. Jesús también afirmó: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. (Jn. 6:35). Con esta declaración nos da a entender que él es el sustento que nutre la vida espiritual de todo creyente. Jesús se enfrentó a Satanás cuando vino a tentarlo declarando la palabra de Dios: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”. (Lc. 4:4). Cuando nos ajustamos a sus mandamientos, somos obedientes y caminamos en su voluntad y propósito, y buscamos ante todo de su reino, podemos estar segu-ros que recibiremos todo lo necesario para nuestras vidas, física, económica y espiritualmente. “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”. (Jn. 6:51). Por lo tanto, uno come el cuerpo de Cristo al permanecer en él y al obedecer la palabra. Recibimos vida espiritual al creer en Cristo, y esa vida se nutre permaneciendo en él y en su palabra. Jesús es la palabra viva, la Biblia es la palabra escrita, y el Espíritu Santo es el que nos la revela y nos guía a toda verdad. Dios espera que cada uno de sus hijos tenga verdadera hambre de su palabra.

Por La Pastora Graciela Lago