FINAL Y PRINCIPIO

Aunque estén invertidas las palabras es la realidad, termina un año y comienza otro. Tendremos que afrontar nuevos desafíos, situaciones, adversidades, pero creo que también vendrán nuevas oportunidades, alegrías y muchas bendiciones. Será probada nuestra capacidad de perdonar, amar, soportar y seguir sin desmayar. Encontraremos escollos en el camino, habrá que cruzar desiertos, escalar montañas y vadear ríos, pero no tendremos temor, ni vamos a flaquear, porque en medio de cualquier dificultad o prueba que nos depare el 2018, el Señor estará con nosotros para alentarnos, animarnos, rodearnos, y levantarnos, en caso que tropecemos. Lo más importante de todo es que nuestra fe se fortalezca y nuestra vida espiritual se renueve, crezca y de fruto. Ciertamente, para el cristiano, cada año que pasa es una nueva oportunidad de aprender, de crecer, de desarrollarse y madurar en el conocimiento de la palabra y en nuestra relación con el Señor.  Seguramente en el año 2017 tuvimos muchas oportunidades en lo personal, familiar laboral, y espiritual, algunas quizás las  aprovechamos, y otras habrán pasado a nuestro lado sin verlas, lo importante es que en este nuevo año estemos atentos a cada acontecimiento para que no desaprovechemos las oportunidades que Dios nos dará en nuestro andar diario. Creemos que será un año especial para la Iglesia; donde se definirán responsabilidades y compromisos en medio del Cuerpo de Cristo, y se cumplirá el propósito de Dios para cada uno. Que la entrada al nuevo año sea con pasos firmes de fe, confianza, esperanza y seguridad, que podamos ver cumplido todo lo que el Señor ha dicho que hará. No retrasemos su obra ocupándonos en cosas que agotan nuestras fuerzas y desenfocan nuestra visión. Que la declaración que salga por nuestros labios siempre esté de acuerdo a la palabra y mandamientos divinos, y no al pensamiento o sentimiento humano. No podemos saber lo que nos depararán los próximos 365 días, pero sabemos que el Señor irá con nosotros y él quiere lo mejor para sus hijos, aquellos caminan en obediencia, sometidos a su voluntad, con un corazón dispuesto a alabarle, adorarle y rendirse totalmente. Dios tiene preparado lo mejor y las ventanas de los cielos siempre están abiertas para mostrar su gloria y derramar sus bendiciones sobre su iglesia. 

POR LA PASTORA GRACIELA LAGO    

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